Origen

Mensaje

Construyendo una nueva sociedad

Templo Bahá'í

Religión y Transformación

Dios, el Creador de todo lo que hay en el universo, es una realidad que está más allá de la capacidad de comprensión de una mente falible. No importa que tan amplio o imaginativo sea nuestro concepto de Dios, siempre estará circunscrito a las limitaciones de nuestra propia mente.

A través de las edades, Dios ha enviado mensajeros Divinos - entre ellos Abraham, Krishna, Zoroastro, Moisés, Buda, Jesucristo, Muhammad y más recientemente Bahá’u’lláh - para cultivar la capacidad espiritual, intelectual y moral de la humanidad. Las enseñanzas de estos Mensajeros, que guiarán a la humanidad a lo largo de su evolución, llegan a las raíces de las motivaciones humanas y despiertan, en poblaciones enteras, la capacidad de contribuir a que nuestra civilización avance hacia nuevos horizontes previamente inimaginables. También inspiran logros en todos los campos del quehacer humano y desarrollan en Sus seguidores cualidades extraordinarias de heroísmo, sacrificio y autodisciplina. El objetivo de la Religión, dice Bahá’u’lláh, es el de “efectuar una transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de manifestarse tanto exterior como interiormente...”

El proceso - en que los Mensajeros de Dios han traído sucesivamente la guía necesaria para la evolución social y espiritual de la humanidad - se conoce como “revelación progresiva”. Si a Dios se le compara con el Sol, la fuente de la luz y la vida de nuestro sistema solar, entonces estos mensajeros pueden ser comparados con espejos perfectos que reflejan esta luz de manera que los seres humanos seamos capaces de comprenderla. El propósito de todos estos “espejos” divinos es uno y el mismo, ninguna distinción debe hacerse entre Ellos. Bahá’u’lláh escribe que todos están “habitando en el mismo tabernáculo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono, pronunciando las mismas palabras, proclamando la misma Fe”. El grado de madurez de la humanidad marca la diferencia entre los mensajes de las distintas religiones, ya que cada uno de los Mensajeros actúa como un médico divino, que teniendo su mano en el pulso de la humanidad, es capaz de prescribir el remedio más apropiado para las necesidades de la época en que aparece.

Así la religión tiene el poder para nutrir el carácter moral y de influenciar profundamente las relaciones sociales en el mundo. Vivir una vida espiritual, sin embargo, significa más que sólo profesar una creencia; involucra comprometerse a una transformación personal y social, colaborando cada día con otras personas al mejoramiento del mundo. Todos tenemos la capacidad de contribuir a la vasta empresa espiritual de crear un mundo mejor. El ser generoso - con nuestro conocimiento, talento y bienes materiales - es un requerimiento para la transformación. Un vida dedicada al servicio de la humanidad es la más elevada expresión de nuestra capacidad innata de amar incondicionalmente.

Justicia y Unidad

La convicción de que todos somos parte de una sola familia humana, provenientes de un mismo Creador, es una creencia esencial de la Fe Bahá’í. El establecimiento de una civilización global justa y pacífica necesita la aceptación generalizada de este principio y es una condición preliminar a la unificación del Planeta.

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Religión y Transformación

La comprensión de la Realidad Divina está más allá de nuestra capacidad, sin embargo, para cultivar nuestras capacidades, Dios ha enviado Mensajeros Divinos a lo largo de la historia para educar a la humanidad sobre su realidad espiritual de manera progresiva. La religión es el instrumento a través del cual el Mensaje Divino nutre al hombre y a la sociedad.

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La vida del alma

El progreso humano es alcanzado a través del desarrollo de las cualidades de nuestras almas. Estas cualidades sirven como base para nuestro desarrollo en la próxima vida, la cual es esencialmente espiritual y no material. La oración contribuye a este desarrollo permitiendo una conexión íntima y personal con Dios.

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Igualdad entre el hombre y la mujer

La realidad del hombre radica en su alma, la cual no tiene género. La igualdad entre los hombres y las mujeres es una realidad que debe ser reafirmada en las estructuras sociales. El desafío no es sólo abrir más oportunidades en el orden social actual sino crear un nuevo orden basado en nuevos principios.

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