
Historia
El recorrido de una visión: del primer sueño de una Casa de Adoración para Sudamérica hasta el Templo que hoy se eleva en Peñalolén.
De la mano del creciente desarrollo de la comunidad bahá’í en el mundo, desde el siglo XIX se han construido Casas de Adoración en cada uno de los continentes.
Más de
cien años


La historia de la Casa de Adoración para Sudamérica comenzó hace más de cien años, cuando la Fe Bahá’í llegó a la región gracias al esfuerzo de dos mujeres notables: Martha Root, en 1919, y Leonora Armstrong, en 1921. La labor que ellas iniciaron fue continuada durante las décadas siguientes por numerosas personas que contribuyeron al surgimiento y desarrollo de comunidades bahá’ís en distintos países del continente.
Una de ellas fue Marcia Stewart, quien se estableció en Chile en 1940. Allí encontró una especial receptividad hacia las enseñanzas bahá’ís, propiciando el surgimiento y desarrollo de comunidades e instituciones bahá’ís a lo largo del país.
Hitos de una construcción
La elección de Santiago
Se decide que la Casa de Adoración Bahá’í de Sudamérica se construiría en Santiago de Chile.
El proyecto toma forma
Se anuncia la construcción de Casa de Adoración Bahá’í de Sudamérica en Santiago.
Comienza la obra
Luego de años de búsqueda y planificación, comienzan las labores de construcción en los faldeos precordilleranos de Peñalolén.
La dedicación
El 13 de octubre de 2016, la Casa de Adoración Bahá’í de Sudamérica es dedicada en una ceremonia sencilla y profundamente conmovedora, que reunió a alrededor de cinco mil personas de diversas culturas y pueblos del mundo, junto a autoridades nacionales e internacionales.

El Templo Bahá’í de Sudamérica fue dedicado el 13 de octubre de 2016
El Templo en imágenes
Una historia que continúa
Desde su apertura, la Casa de Adoración ha ido adquiriendo una vida propia, nutrida por las personas y comunidades que llegan hasta ella y por quienes ofrecen su tiempo y capacidades para servir. Cada semana, personas de distintas edades, procedencias y creencias encuentran aquí un espacio para la oración, el silencio y la reflexión sobre las cuestiones fundamentales de la vida.
Esta experiencia se extiende más allá del Templo. En distintos barrios y comunidades, niños, jóvenes y adultos participan en espacios de oración, estudio, conversación y servicio, mientras familias y vecinos encuentran nuevas formas de fortalecer sus vínculos y contribuir al bienestar de quienes les rodean.
Al mismo tiempo, la Casa de Adoración se ha convertido en un lugar de encuentro para comunidades, organizaciones, instituciones, artistas y personas de diversas tradiciones. A través de conversaciones, encuentros culturales y otras iniciativas, se han abierto espacios para reflexionar sobre cuestiones fundamentales de la vida, nuestras relaciones con los demás y nuestra responsabilidad por el bienestar de la sociedad y del mundo que compartimos. El entorno de la Casa de Adoración forma parte de esta experiencia, invitando también a contemplar y cuidar el mundo natural.
Así, a través de los años, se ha ido desplegando una diversidad de esfuerzos alrededor de la Casa de Adoración: personas que oran y sirven, comunidades que aprenden juntas, familias que acogen, organizaciones que dialogan y personas que buscan nuevas formas de contribuir al bien común.
En este camino, las sensibilidades espirituales que caracterizan a los habitantes de este país encuentran un espacio donde expresarse y fortalecerse. La vida comunitaria que se construye en torno a estas aspiraciones busca favorecer la transformación individual, ampliar el círculo de la unidad, fomentar la colaboración en el campo del servicio e invitarnos a asumir responsabilidad por nuestro propio desarrollo espiritual, social y económico.
La historia continúa escribiéndose en estas relaciones, aprendizajes y actos de servicio, allí donde las aspiraciones espirituales encuentran expresión en la vida de las personas y de la sociedad.
Bahá’u’lláh ha trazado el círculo de la unidad; ha hecho un diseño para la unidad de todos los pueblos, y para que todos se reúnan bajo la sombra de la unidad universal. Esta es la obra de la Munificencia Divina, y todos debemos esforzarnos con alma y corazón hasta que la realidad de la unidad se consiga entre nosotros.

